Desde hace ya algún tiempo se sabe que los bebés cuando nacen no
son sordos ni ciegos, sino que genéticamente estan dotados con una serie de
mecanismos que les permiten responder a sus iguales.
El niño
responde a sonidos de elevada
intensidad o a la música ya en el vientre de la madre. El oído al igual que
otros sentidos funcionan desde el nacimiento. Es el sonido de la voz humana el
que más atrae su atención, en general las femeninas, y en particular la de la
madre.
El grito o
llanto que acompaña al niño en su llegada al mundo es la primera señal
comunicativa, nos indica que algo le sucede, que percibe sensaciones diferentes
a las que había sentido hasta entonces (siente frío, respira por primera vez,
siente angustia….)
Los recién
nacidos no sólo manifiestan sus emociones por medio del llanto o grito, sino
también a través de lo que se ha llamado ”imitación neonatal” que
consiste en:
a) Actividades
visuales en las que el niño sigue con la mirada al adulto esperando un
acercamiento.
b) Actividades
motoras, donde el niño mueve los brazos y piernas, abre y cierra la boca, saca
la lengua
c)
Actividades mímicas y de expresión facial entre las que destaca la
sonrisa.
Coincidiendo
con los primeros gritos la relación particular que se establece entre adulto y
niño constituye un marco para la aparición de una conducta prelingüística a
través de los movimientos y sonidos de succión que preceden a la
nutrición. Se trata de movimientos de labios que van poniendo en acción los
órganos necesarios para la articulación.
Desde el
nacimiento el niño emite unas vocalizaciones no lingüísticas relacionadas con el
hambre, el dolor, el placer, … A partir del segundo mes el niño es capaz de
emitir sonidos que normalmente son vocales, estamos ante los arrullos.
Hacia los 6
meses estos sonidos vocálicos se combinan entre sí y con otros consonánticos
son balbuceos, gorjeos o lalación, que carecen de significado. Los
sonidos emitidos se van “seleccionando” y se asimilarán y fijarán los empleados
en su entorno.
El balbuceo es
congénito puesto que balbucean incluso los niños sordos produciéndoles placer,
no obstante, los niños de audición normal lo realizan de forma más intensa ya
que al escucharse se refuerzan.
Progresivamente
el balbuceo alcanza forma de actividad intencional y en respuesta a la voz del
adulto, en situaciones de intercambio afectivo aparece una conducta comunicativa
llamada ecolalia o preparleta, en la que aparecen emisiones articuladas
intencionalmente como respuesta e imitando las entonaciones que escucha en los
adultos.
En el
desarrollo del niño se produce un momento en el que los juegos adulto-niño
cobran especial relevancia, son los formatos. En ellos se pueden producir
las siguientes interacciones:
-
Atención conjunta es el intento por parte del adulto o del niño de
atraer la atención del otro hacia un objeto o actividad.
-
De acción conjunta o interacción con el objeto es la actividad del
adulto y el niño sobre y con un objeto externo a ambos. Los juegos consisten en
sacar y meter, construir y tirar, dar y tomar….
-
Interacciones sociales son saludos, despedidas…. rituales en los
que se hace participar al niño desde muy pronto.
Hacia el año de
vida el niño tiene una intención comunicativa y lo podemos comprobar con los
siguientes indicadores:
-
Alternancia de miradas entre el objeto y la persona adulta que está
pendiente de él/ella.
-
Intensificación, acción o sustitución de señales hasta alcanzar lo
que pretende.
-
Cambios en las señales con objeto de alcanzar aquello que
desea.
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